Articulo 2


¿Por qué padres católicos con hijos incrédulos?


Autor: Francisco Mario Morales


¿Por qué los hijos pierden o nunca tienen interés por vivir la religión?

Cuando los niños, adolescentes, jóvenes y muchos adultos no logran entender (Tener idea clara de las cosas, conocer el ánimo o la intención de algo o alguien, tener amplio conocimiento).
Cuando no logran comprender (Entender, alcanzar, penetrar) algo por la falta de capacidad, indiferencia o comodismo de los adultos, simplemente se alejan, pierden interés, esto surge también cuando no se les toma en cuenta ni se les motiva a la participación, cuando no se les prepara y compromete a ser parte activa.

Lo superficial, lo externo, lo que no les compromete, lo que no les convence, motiva e impulsa, les aburre. Y más aun si a esto le añadimos la incongruencia, las divisiones y los conflictos como consecuencia de la ignorancia religiosa en los adultos.

¿Cuántas veces criticamos a nuestros hijos porque no saben orar ni rezar?
¿Los padres sabemos rezar y orar?
¿Nosotros como padres les enseñamos a orar o rezar gradualmente?
¿Oramos o rezamos juntamente con ellos?
¿Cómo padres participamos piadosa, consciente y activamente y en familia en la celebración eucarística?

S. S. Juan Pablo II nos decía: “El mundo se resiste a creer palabras que no van acompañadas de un testimonio de vida”.

¿Los niños, adolescentes y jóvenes participan con sus padres y otros familiares y se promueve e impulsa y fomenta el espíritu cristiano en familia?
Hoy nuestro tiempo nos pide razón, reflexión y el conocimiento que nos lleve a creer. “La fe y la razón (Fides et ratio) son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad: San Agustín nos lleva a reafirmar esta inquietud cuando dice: “Creo para comprender y comprendo para creer mejor”. Evitemos ser católicos cristianos improvisados.
En la formación moral y religiosa no se improvisa. Porque improvisar es hacer algo de pronto, de prisa, sin preparación ni entendimiento.

¿Cuántas veces nuestros hijos se han acercado a nosotros para que les despejemos sus dudas religiosas, morales o intelectuales? ¿Han vuelto? ¿Nuestros hijos tendrán la suficiente confianza en nosotros?