Cuando los niños, adolescentes, jóvenes y muchos adultos no logran entender (Tener idea clara de las cosas, conocer el ánimo o la intención de algo o alguien, tener amplio conocimiento).
Cuando no logran comprender (Entender, alcanzar, penetrar) algo por la falta de capacidad, indiferencia o comodismo de los adultos, simplemente se alejan, pierden interés, esto surge también cuando no se les toma en cuenta ni se les motiva a la participación, cuando no se les prepara y compromete a ser parte activa.
Lo superficial, lo externo, lo que no les compromete, lo que no les convence, motiva e impulsa, les aburre. Y más aun si a esto le añadimos la incongruencia, las divisiones y los conflictos como consecuencia de la ignorancia religiosa en los adultos.
¿Cuántas veces criticamos a nuestros hijos porque no saben orar ni rezar?
¿Los padres sabemos rezar y orar?
¿Nosotros como padres les enseñamos a orar o rezar gradualmente?
¿Oramos o rezamos juntamente con ellos?
¿Cómo padres participamos piadosa, consciente y activamente y en familia en la celebración eucarística?
S. S. Juan Pablo II nos decía: “El mundo se resiste a creer palabras que no van acompañadas de un testimonio de vida”.
¿Los niños, adolescentes y jóvenes participan con sus padres y otros familiares y se promueve e impulsa y fomenta el espíritu cristiano en familia?